Para entender el presente hay que volver a esa semana. O, en este caso, a ese año.
Era 1962. Una adolescente de 15 años salió de su casa en Esquina, Corrientes, para ir al colegio. Cuando regresó, su vida ya no era la misma. En pocas horas se encontró dentro de un vehículo desconocido, junto a su madre, con un bolsito con lo mínimo y rumbo a Buenos Aires. El corazón oprimido. El futuro, incierto.
Esa adolescente era Martha Alles. Hoy, con casi ocho décadas de vida, es la autora más prolífica en su especialización —los Recursos Humanos y, más específicamente, la Gestión por Competencias— y acaba de publicar 1962, el año que todo cambió (M.A. Ediciones, 2026), un libro que, según ella misma admite, no se parece a ninguno de los que escribió antes.
Un proceso diferente
Alles es autora, conferencista, consultora, contadora y doctora en Administración. Su método de trabajo para los libros técnicos es preciso: define el tema, imagina el índice con bastante exactitud y, meses o años después, el libro está listo. Solo uno o dos tuvieron un proceso diferente. 1962 rompió todos sus moldes.
«No fue una idea que surgió como un rayo provocador», explica. «Fue un proyecto que fue creciendo, cambiando mil veces hasta que un día tomó forma. Desde siempre sentí que aquel año fue un parteaguas y que había algo en todo aquello más allá de los hechos en sí». El proceso fue, en sus propias palabras, «largo, cambiante, fluctuante, abandonado y retomado».
Escribir el libro se convirtió para ella en un camino de purga, pero también en otra forma de brindar herramientas para el desarrollo personal —la misma vocación que atraviesa toda su carrera profesional.
La escena lo dice todo.
En Esquina, la Martha adolescente esquivaba las siestas, comía naranjas, devoraba los clásicos de la literatura y se sumergía en las enciclopedias que se vendían de puerta en puerta. Fantaseaba con tener una Siambretta. Vestía las confecciones de su madre, inspiradas en los vestidos Vichy de Brigitte Bardot. Soñaba con cruzar el puente y conquistar el mundo.
Lo que encontró en Buenos Aires fue distinto. Una sensación de peligro que nunca antes había experimentado. Los primeros días en casa de una tía. Luego, una casa prefabricada en una calle de tierra, sin luz eléctrica durante el primer año y con agua que había que sacar con una bomba. Y en la escuela, las burlas por la tonada del interior, por ser «la rara».
Un fragmento del libro lo captura con precisión quirúrgica: «Me sentía mareada, descompuesta, mi madre llevaba un pañuelo con gotas de colonia de varón, recuerdo aún la marca, el perfume... Colonia Atkinson... Por muchos años, muchos años, no pude ingresar a una tienda de flores, el perfume concentrado en un ambiente cerrado me era intolerable».
Las palabras que tuercen un camino
En ese nuevo presente adverso, el sueño de convertirse en una gran profesional universitaria parecía sepultado. El destino que había querido esquivar —el esperable para ella y para tantas mujeres de su época— parecía el único posible. Hasta que alguien pronunció las palabras justas capaces de cambiar el rumbo.
Alles no revela en la entrevista cuáles fueron exactamente esas palabras ni quién las dijo. Pero su tesis es clara: un gesto, una frase dicha casi al pasar, puede abrir un mundo de oportunidades y torcer el curso de una historia para siempre. «Cada gesto cuenta, cada palabra tiene un efecto dominó», sostiene.
Esa convicción no es retórica. Es, literalmente, la historia de su propia vida.
Además de 1962, Alles menciona que escribió por primera vez una novela de ficción, aún no publicada.
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La trayectoria de Martha Alles es, en el fondo, un argumento vivo a favor de algo que el mercado premia y la burocracia no puede fabricar: el mérito construido desde cero, sin red, con voluntad y con las herramientas que uno mismo se forja. Una adolescente sin luz eléctrica en una calle de tierra de Buenos Aires que termina siendo la referencia dominante en su campo no es un accidente; es el resultado de decisiones tomadas en condiciones adversas, una tras otra.
En un momento en que Argentina debate qué modelo de país quiere ser, la historia de Alles recuerda una verdad incómoda para el estatismo: ningún aparato estatal le entregó su carrera. Se la construyó ella. Eso, a casi 80 años y con un libro nuevo bajo el brazo, sigue siendo la mejor hoja de ruta disponible.



