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La filósofa que le pregunta a Silicon Valley qué significa progresar

Yiyang Zhuge, doctoranda china en Boston College, cautiva a la élite tecnológica estadounidense con una pregunta incómoda: ¿puede una civilización avanzar tecnológicamente y deteriorarse al mismo tiempo?
Foto: infobae.com
jueves 20 de agosto de 2026

La escena lo dice todo. Cuando Yiyang Zhuge se sentó frente a Christopher Nolan durante la presentación de The Odyssey en China, no le preguntó por los efectos especiales ni por el reparto. Le preguntó si se consideraba «un bardo de una civilización en el ocaso», si había «cristianizado» La Odisea y si la expiación podía ser una respuesta frente a la guerra. La conversación se volvió viral y acumuló millones de visualizaciones.

Para el público occidental, Zhuge apareció de golpe: una joven filósofa china capaz de conversar con uno de los directores más importantes de Hollywood sobre Homero, religión y el destino de las civilizaciones. Pero su trayectoria había comenzado mucho antes.

Dos tradiciones, una sola mirada

Zhuge comenzó a estudiar griego antiguo y a leer a Homero a los 15 años. Actualmente es doctoranda en filosofía política en Boston College, donde también ha enseñado. Sus áreas de investigación incluyen la filosofía política clásica y el pensamiento político alemán y francés. Ha dado clases igualmente en Brandeis University y ha trabajado como traductora de textos filosóficos y políticos al chino. Entre sus trabajos figura la primera traducción del griego al chino de Moralia, de Plutarco, además de traducciones de obras de Hannah Arendt.

En China opera bajo el nombre Zhong Shu. Según WIRED, produjo más de 360 episodios de su podcast en tres años y cuenta con cientos de miles de seguidores en plataformas digitales chinas. Allí publica artículos y participa en programas sobre política y cultura estadounidense.

Su posición es singular: nació y creció en China, pero estudia en Estados Unidos desde la adolescencia. Esa doble pertenencia le permite moverse entre dos tradiciones y explicar una a la otra, sin pertenecer del todo a ninguna.

La pregunta que Silicon Valley no se hacía

La entrevista con Nolan no fue un golpe de suerte periodístico. Zhuge no era una cronista de cine que consiguió un acceso excepcional. Era una intelectual con una audiencia ya formada alrededor de las ideas que aparecieron durante aquella conversación. Según contó a Business Insider, la preparación específica para la entrevista le llevó menos de un día; detrás de esas preguntas había años de estudio de la literatura y la filosofía griegas.

Su creciente popularidad despertó el interés de sectores de la élite tecnológica estadounidense. El punto de contacto no es la inteligencia artificial ni el futuro de las empresas. Lo que Zhuge ofrece es otra cosa: preguntas sobre qué significa realmente progresar.

Su trabajo académico está influido por el straussianismo, una corriente vinculada al filósofo Leo Strauss que propone una lectura profunda de los grandes autores de la tradición política y cuestiona la idea moderna de que la historia avanza necesariamente hacia algo mejor. Desde esa perspectiva, Zhuge pone sobre la mesa una pregunta que Silicon Valley rara vez se formuló durante décadas: ¿puede una sociedad avanzar tecnológicamente y, al mismo tiempo, deteriorarse en otros aspectos?

Lo que los clásicos le dicen al presente

El trabajo de Zhuge parte de una preocupación concreta por la manera en que Occidente cuenta su propia historia. Según su lectura, la cultura occidental suele llegar a otras partes del mundo a través de sus propias rupturas y críticas: la Ilustración, el marxismo, el posmodernismo y las distintas revisiones de la modernidad. La tradición clásica y buena parte de la herencia intelectual occidental quedan, en ese relato, relegadas.

Por eso su trabajo como traductora y divulgadora busca que lectores que no crecieron dentro de esa tradición puedan conocerla directamente. No trata a los clásicos como piezas de museo, sino como instrumentos para pensar problemas abiertos: cómo debería organizarse una sociedad, qué significa vivir bien, qué límites debería tener el poder.

Los detalles cuentan la historia. Una filósofa formada en la Antigüedad griega, que traduce a Plutarco y a Arendt para lectores chinos, termina siendo la voz que le pregunta a la élite tecnológica de California si el progreso que celebra es realmente progreso. El giro es irónico y, a la vez, perfectamente lógico.

Hemisferio observa aquí algo que va más allá de una carrera académica singular. En un momento en que el mundo tecnológico acumula poder sin precedentes sobre la vida cotidiana, la pregunta de Zhuge —qué se pierde cuando una civilización avanza sin mirar atrás— no es un ejercicio de nostalgia. Es una advertencia sobre los costos invisibles del progreso sin tradición, sobre lo que ocurre cuando la innovación se convierte en el único valor que una sociedad está dispuesta a defender. Que esa advertencia llegue desde una filósofa china formada en los clásicos griegos dice tanto sobre el estado de Occidente como cualquier dato económico.

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