AHORA
Hemisferio
PolíticaAméricasMundoNegociosTecnologíaCulturaIdeas
Hemisferio
Secciones
El medio
Cultura

La memoria de Colombia, por fin en un solo lugar

La Biblioteca Nacional lanzó una plataforma digital unificada con 200.000 objetos: veinte años de trabajo silencioso que ahora cualquier colombiano puede descubrir desde una sola pantalla.
Foto: elcolombiano.com
domingo 23 de agosto de 2026

Al principio había un libro con hongos. No metafóricamente. Eran hongos reales, microscópicos, comiendo el papel desde adentro. Antes de que ese libro pudiera aparecer en una pantalla —antes de que alguien en Soledad, Atlántico, o en Leticia pudiera leerlo— tuvo que pasar por algo que Marcks, del taller digital de la Biblioteca Nacional de Colombia, describe con la precisión de un médico: «Los libros que entran al grupo de conservación son como pacientes. Se les hace una historia clínica, se les mira qué tienen, de qué sufren y de esa misma manera se les da un tratamiento».

Ese tratamiento puede durar semanas. A veces meses. Primero el laboratorio, donde se toman muestras de las manchas verdes o los indicadores de deterioro, se cultivan, se identifican los microorganismos. Luego el saneamiento y el taller de restauración, donde se unen rasgaduras, se reintegran lomos desprendidos, se hace limpieza en seco. Solo después de todo eso, el libro pasa al escáner.

Convertido en archivo TIFF de alta resolución, procesado con reconocimiento óptico de caracteres, transformado en PDF con marca de agua, el texto finalmente sube al repositorio digital. Veinte años lleva todo un equipo de especialistas en ese proceso. Cuatro escáneres de gran formato, cinco o seis de cama plana, profesionales que han digitalizado manuscritos del siglo XVII, fotografías de Armero antes de la tragedia, la prensa colombiana del siglo XVIII y el primer manuscrito de astronomía escrito por un sacerdote jesuita en el país. «Tenemos desde el manuscrito de La vorágine hasta fondos fotográficos increíbles», cuenta Marcks.

Pero digitalizar no era el problema central. El problema era que nadie podía encontrar nada.

Villegas, líder de Producción Digital de la Biblioteca Nacional, usa una imagen doméstica para explicar lo que la nueva Biblioteca Nacional Digital de Colombia —BNDC— viene a resolver: «Organicemos la casa, hagamos inventario, pongamos en el lugar correcto». La casa estaba, en efecto, desordenada. La biblioteca tenía un repositorio con cerca de 200.000 objetos digitalizados, pero también más de 200 libros producidos por su propia editorial dispersos en micrositios distintos, sin que uno supiera de la existencia del otro. Tenía exposiciones digitales, proyectos especiales, curadurías, 129 piezas del mes, especiales temáticos. Todo vivía en rincones separados de internet, sin conversar entre sí. «Si yo buscaba antropología en un micrositio, el sistema no me decía que en otro había otro libro de antropología», explica Villegas.

La solución no fue técnicamente espectacular. Fue, más bien, curatorial y conceptual. El equipo integró en una sola plataforma todo lo que la biblioteca ha producido y conservado. Ahora, según describe Villegas, si alguien busca la palabra antropología, la plataforma responde con libros producidos por la biblioteca, materiales digitalizados en el repositorio, una exposición, un especial, piezas del mes y una curaduría, todo junto y visible.

El sistema de etiquetas que hace posible ese descubrimiento no fue copiado de ningún manual bibliotecológico. Fue construido objeto por objeto, pensando en distintos tipos de usuarios: desde el investigador con preguntas elaboradas hasta el curioso que entra sin saber qué busca. «Nuestras etiquetas buscan ser más aglutinantes que específicas», dice Villegas.

El lanzamiento llegó acompañado de una frase que parece manifiesto: esta es una biblioteca «hecha por humanos, para humanos». Hay una decisión deliberada detrás de esa formulación. La biblioteca trabaja en una herramienta de inteligencia artificial para agilizar la catalogación de materiales sin catálogo y hace pruebas con el asesoramiento de la Fundación Karisma en materia de derechos patrimoniales y protección de datos. Pero no sataniza ni idolatra la IA. «La gran innovación era agrupar y ordenar la casa», dice Villegas. «Dejemos que todo ese trabajo que han hecho tantos equipos a través del tiempo se sienta y esté cercano a los usuarios».

La historia tiene un antecedente que vale la pena recordar. En 1996, cuando la Biblioteca Luis Ángel Arango publicó en su página web una versión transcrita de María de Jorge Isaacs, Colombia tenía menos de un millón de usuarios de internet. Alguien tomó la decisión de transcribir el texto a mano, en HTML, y ponerlo disponible en la red. Era, según recuerda Pautassi, líder de la Biblioteca Virtual del Banco de la República, el inicio de algo que no tenía nombre todavía.

Dos décadas y media después, el aparato estatal cultural colombiano ha acumulado un patrimonio digital de considerable valor. La pregunta que la BNDC responde —tarde, pero responde— es si ese patrimonio sirve de algo guardado en cajones separados que el ciudadano no puede cruzar. La respuesta implícita del proyecto es que no: el conocimiento público financiado con recursos del Estado solo cumple su función cuando llega al usuario que lo necesita, sin importar si ese usuario está en Bogotá o en Leticia. Ordenar la casa no es un logro menor. Es, en realidad, la condición mínima para que veinte años de trabajo silencioso tengan sentido.

Más de Cultura