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La realizadora paisa que lleva el secuestro de su abuelo a la televisión estadounidense

Daniela Múnera Ángel, criada en Medellín y formada en el SCAD de Atlanta, reconstruyó los 103 días de cautiverio de su abuelo en un documental nominado a los NATAS Awards. Su siguiente paso: una plataforma para preservar las memorias de las víctimas de la violencia en Colombia.
Foto: elcolombiano.com
martes 25 de agosto de 2026

El lugar se llamaba cambuche. Así le decía Daniela Múnera Ángel al rincón que su abuelo le preparaba junto a su cama cuando ella era niña. Solo mucho después supo que esa palabra tenía otra historia: la del cautiverio de 103 días que él había vivido como víctima de secuestro. Ese descubrimiento se convirtió en el punto de partida de una carrera y, eventualmente, en un documental.

Nacida en Buenos Aires pero criada desde los seis meses en Medellín, Múnera Ángel estudió Film and Television en el Savannah College of Art and Design (SCAD), en Estados Unidos. La industria audiovisual no fue una elección arbitraria: desde pequeña, las historias de su familia orientaron su mirada hacia la cámara.

El documental y la nominación

Cambuche dura 17 minutos y aborda el secuestro del abuelo desde un ángulo poco convencional: es la hermana menor de Daniela, de 14 años, quien conduce las entrevistas a distintos integrantes de la familia para reconstruir lo ocurrido. La producción sostiene durante parte del relato la incertidumbre sobre el destino del abuelo —tal como la familia la vivió— y solo después presenta su testimonio directo. Durante el cautiverio, los captores apenas le permitieron llevar un diario con dibujos.

El documental fue realizado en 2025 y recibió una nominación a los premios de estudiantes de la Academia Nacional de Artes y Ciencias de la Televisión, los llamados NATAS Awards. Actualmente continúa en proceso de festivales y todavía no ha iniciado un circuito de proyecciones públicas.

Un archivo de memorias intergeneracionales

Antes de Cambuche, Múnera Ángel había lanzado en 2023 un podcast dedicado a recoger las historias de adultos mayores junto a sus nietos. El proyecto arrancó con los relatos de sus propios abuelos y luego se extendió a otras familias. Hoy cuenta con 10 capítulos publicados y otros ocho grabados pendientes de publicación. La difusión en Instagram, YouTube y TikTok atrajo a nuevos participantes: así llegó, por ejemplo, a Cali, donde grabó la historia de un hombre que quería compartir su experiencia junto a su nieta.

Los detalles cuentan la historia: no fue una convocatoria institucional ni un encargo editorial lo que amplió el proyecto, sino la resonancia orgánica en redes sociales. Personas que reconocieron en esas historias algo propio comenzaron a contactarla.

La carrera en la industria estadounidense

Mientras avanza con sus proyectos personales, Múnera Ángel trabaja como associate producer en Spaceman, una compañía audiovisual con sede en Atlanta. Su trayectoria incluye participación en producciones vinculadas con Disney, National Geographic, Pixar, CNN y TBS, además de una pasantía con National Geographic Society y trabajo en un proyecto relacionado con el explorador colombiano Federico Pardo.

La escena lo dice todo: una realizadora antioqueña que aprendió las herramientas narrativas de la industria más competitiva del mundo y que ahora quiere devolverlas a Colombia. «Mi sueño es hacer cosas así, pero para Colombia», explicó, en referencia a esas herramientas.

El proyecto que viene

Su próximo paso es una maestría que le permita continuar desarrollando sus propias historias. Paralelamente, quiere crear una plataforma dedicada a narrar las experiencias de personas afectadas por la violencia en Colombia, con foco en los adultos mayores y en el vínculo entre abuelos y nietos.

En un país donde el conflicto armado dejó décadas de relatos sin archivo ni forma, la apuesta de Múnera Ángel apunta a un vacío real: el de las memorias familiares que no llegan a ningún festival, que no tienen nominación ni plataforma, y que desaparecen con quienes las vivieron. La libre empresa cultural —la iniciativa individual, sin aparato estatal de por medio— es precisamente lo que hace posible que una realizadora de 20 y tantos años construya ese puente desde Atlanta. El mérito, en este caso, tiene nombre y apellido.

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