El diagnóstico llegó después de la pandemia. Cáncer de lengua. Para cualquier persona sería una noticia devastadora; para Marta Liliana Ruiz, actriz cuya carrera entera descansa en la voz y el cuerpo, el panorama era doblemente cruel.
Ruiz es uno de los rostros más reconocidos de la televisión colombiana. Novelas como Señora Isabel, La mujer en el espejo y La rosa de los vientos la instalaron en la memoria del público. Luego vino el silencio, y después, la enfermedad.
En una entrevista con el programa Historias con ritmo, del Canal Caracol, la actriz —hoy de 62 años— contó los detalles de una batalla que pocos conocían. Los tratamientos fueron agresivos. Su sistema inmune acusó el golpe. Y encima de todo, llegó la posibilidad de perder la voz para siempre.
«Estuve en terapia porque el panorama era que yo no volvería a hablar», dijo Ruiz. El médico le presentó una solución: un cirujano especializado que reconstruiría la lengua extrayendo nervios y arterias de su brazo izquierdo. Era el camino trazado. La advertencia, sin embargo, no desapareció: quedaría con una lesión muy grande en el habla.
Ahí fue donde Ruiz tomó su propia decisión. «Oré y medité, y fui inspirada para tomar la decisión de no hacerme la cirugía de reconstrucción», relató. En cambio, le pidió al cirujano que le extirpara el cáncer y le conservara la punta de la lengua. «Yo terminaría hablando como Dios quiere que hable», le dijo.
El procedimiento resultó ser un éxito. Vino después la terapia de lenguaje, la recuperación lenta, y finalmente el regreso. «Yo estoy hablando y trabajando nuevamente. La gente me entiende y hasta se me olvida que tengo una lesión», concluyó la actriz.
La historia personal se entrelazó con un giro geográfico. Durante el proceso, su esposo —con quien vivía en Colombia— recibió una oferta de trabajo en Estados Unidos. Ruiz se quedó en el país mientras avanzaba en su recuperación, pero un año después cruzó el Atlántico para reunirse con él. Hoy viven en Tampa, Florida.
Desde allí, Ruiz no ha cortado el hilo con Colombia. Ha regresado a grabar y ha escrito obras de teatro. Además, se certificó como life coaching y montó una empresa de fotografía. «También trabajo en otra empresa de network marketing», añadió.
La escena lo dice todo: una actriz a quien le dijeron que no volvería a hablar, hoy habla, trabaja y construye una vida nueva a los 62 años en otro país.
Lo que la historia de Ruiz ilumina va más allá de la anécdota médica. Es el retrato de alguien que, frente a un sistema que le ofrecía una solución estándar con consecuencias severas, eligió informarse, deliberar y asumir la responsabilidad de su propio cuerpo. Esa autonomía individual —el derecho a decidir sobre la propia salud con plena conciencia del riesgo— es exactamente el tipo de libertad que los grandes aparatos burocráticos, médicos o estatales, tienden a diluir en protocolos. Ruiz apostó por sí misma. Y ganó.



