El Teatro Colón de Bogotá fue el escenario elegido. Este viernes 21 de agosto, la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia cumplió 90 años con un concierto de aniversario que no fue solo una celebración: fue también un ejercicio de memoria institucional.
La escena lo dice todo. El programa de la noche trazó dos arcos simultáneos: hacia el repertorio lírico europeo y hacia los registros más antiguos de la propia orquesta. Una decisión curatorial que convierte el concierto en algo más que una gala.
La primera parte: voces y ópera
El concierto abrió con una gala lírica de arias y duetos de algunas de las obras más reconocidas del canon occidental. En el programa figuraron páginas de Wolfgang Amadeus Mozart —Las bodas de Fígaro y Così fan tutte—, Jules Massenet —Hérodiade y Sapho—, Charles Gounod y Georges Bizet, con Carmen como cierre de esa primera mitad. Un recorrido por la tradición operística que la orquesta ha interpretado a lo largo de sus nueve décadas.
La segunda parte: el diálogo con la historia
Fue en la segunda mitad donde el programa adquirió su dimensión más significativa. La Fantasía sobre motivos colombianos, de Pedro Morales Pino, abrió ese bloque. Le siguieron la Sinfonía n.º 5, D. 485 en Si bemol mayor, de Franz Schubert, y la Rapsodia rumana n.º 1, op. 11 en La mayor, de George Enescu.
La elección no fue arbitraria. Esas dos últimas obras formaron parte de la primera producción discográfica de la orquesta. Incluirlas en el concierto de los 90 años fue una forma de cerrar un círculo: el programa de aniversario dialogó directamente con uno de los capítulos más tempranos de la historia sonora de la institución.
El director invitado y el peso del apellido
La batuta de la noche estuvo a cargo de Luis Gabriel Biava, director invitado e hijo del maestro Luis Biava Sosa, quien fue director titular de la orquesta entre 1982 y 1984. Los detalles cuentan la historia: la presencia de Biava hijo en el podio añadió una capa de continuidad generacional a una velada que ya de por sí estaba construida sobre la idea de la herencia.
Noventa años de historia viva
El primer concierto oficial de la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia tuvo lugar el 17 de agosto de 1936, bajo la dirección del maestro Guillermo Espinosa. El programa inaugural incluyó obras de Gluck, Mozart y Mendelssohn.
Desde entonces, la orquesta acumuló hitos que van más allá de las salas de concierto. En 1954 interpretó el Himno Nacional durante la inauguración de la televisión colombiana. En 1958 protagonizó la primera transmisión televisiva fuera de estudio realizada en el país. Dos momentos en los que la música clásica se convirtió en banda sonora de la historia nacional.
Para entender el presente hay que volver a esa semana de agosto de 1936, cuando una orquesta recién fundada tocó por primera vez en Bogotá. Nueve décadas después, la institución sigue en pie.
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La Orquesta Sinfónica Nacional es, ante todo, un patrimonio cultural financiado con recursos públicos. Su longevidad —90 años de actividad ininterrumpida, con hitos que van desde la primera transmisión televisiva fuera de estudio hasta una discografía propia— demuestra que ciertas instituciones del Estado pueden cumplir una función genuina cuando se mantienen fieles a su mandato original: la excelencia artística y la preservación de un repertorio que pertenece a todos los colombianos.
El verdadero desafío para los próximos 90 años no es el presupuesto ni la infraestructura: es resistir la tentación de convertir una orquesta sinfónica en un instrumento de agenda política o de cuotas ideológicas. El programa de este viernes, construido sobre la memoria discográfica y el mérito del repertorio, apuntó en la dirección correcta.



