La escena lo dice todo. Una joven de 24 años sentada en un bar de Buenos Aires, café de por medio, a punto de volver a Los Ángeles. No para visitar: para trabajar en un estudio de grabación, componer para otros artistas y seguir construyendo la carrera que imaginó desde octavo grado.
Elena «Tuta» de Elía es hija de los periodistas María Laura Santillán y Carlos de Elía. Creció en una casa donde las noticias eran conversación diaria, donde la historia, la política y la economía tenían lugar en la mesa. Eso la llevó, al terminar el colegio, a anotarse en Sociología en la UBA. Era 2020. La pandemia complicó la adaptación a la modalidad a distancia y Tuta volvió sobre un sueño más antiguo.
Entró al sitio de Berklee College of Music, la prestigiosa institución de Boston, y encontró no una sino dos carreras que le interesaban: Licenciatura en Composición de Canciones y Grabación y Producción Independiente. Decidió cursar las dos al mismo tiempo. Cuatro años después egresó con honores. Según ella misma cuenta, hacer ambas carreras juntas le implicó solo un semestre adicional y llenar la agenda «todo el día».
El primer instrumento fue la batería, a los 6 años. Golpeaba los cubiertos, estaba «a full con los ritmos», y sus padres la llevaron a clases. Después vino la guitarra, el canto y, más adelante, un curso de producción musical. Siempre escribió canciones, incluso antes de saber tocar: memorizaba las melodías y las guardaba. Tiene canciones escritas desde muy chica.
En Berklee también frecuentó clubes de composición, espacios donde varios estudiantes se juntan a escribir un tema en conjunto. Uno de esos encuentros, orientado al k-pop, le dejó algo más que experiencia: una red de contactos que hoy tiene valor concreto. «De golpe me dicen que una canción que compusimos hace tres años ahora le gustó a un artista y que la va a grabar», explica.
Fue en esas aulas donde conoció a Jasper, un norteamericano que, según Tuta, aprendió español en el colegio y se sabía de memoria las canciones de Emilia Mernes. «Me parecía un milagro», dice. La amistad derivó en un proyecto artístico: un dúo llamado Tuja, formado con la primera sílaba de cada nombre. Ya lanzaron su primera canción, «medio en spanglish», y tienen material en dos idiomas y distintos géneros.
En 2024, ambos hicieron una pasantía en Los Ángeles. Jasper en una productora; Tuta en un estudio que, según ella, pertenece al productor principal de The Weeknd. Ni bien egresó de Berklee, a los tres días se mudó definitivamente a Los Ángeles.
Los detalles cuentan la historia. Días antes de esta conversación, Tuta recibió un correo electrónico con una noticia: «SUDAR», una canción que compuso junto a su colega Iggie Yixin, fue seleccionada para aparecer en un capítulo de The Girls, la nueva serie de Khloé Kardashian que se estrenará en Argentina en Disney+. «Hicimos la canción a pedido de una empresa que se ocupa de crear la música de la serie, entre muchas otras. Y hace poco nos informaron por mail que la iban a incluir», relata.
Hoy trabaja en un estudio que produce música para series y películas, un par de veces por semana, y también escribe para amigos y artistas. El año pasado participó en un Writing Camp, una modalidad de trabajo intensivo de tres o cuatro días dedicados a un proyecto específico. En ese caso, compuso para un grupo latinoamericano, descrito como una boy band.
Sus canciones propias también circulan en plataformas: «Mi sensibilidad» y «Lento» son dos de los títulos recientes.
Para entender el presente hay que volver a esa semana de 2020 en que una estudiante de Sociología abrió el sitio de Berklee y tomó una decisión. Lo que sigue es el argumento clásico del mérito individual: talento cultivado con disciplina, apuesta personal sobre burocracia institucional, resultado medible. Tuta de Elía no esperó que el sistema se adaptara a ella; se adaptó al sistema más exigente que encontró y lo completó por duplicado. En un mundo donde la industria cultural premia cada vez más la polivalencia —componer, producir, editar, gestionar relaciones— esa doble formación no es un dato anecdótico. Es la ventaja competitiva que la puso, a los 24 años, en el estudio correcto de la ciudad correcta.



